El sueño 1- Soñó que estaba en el Infierno. No podía interpretar ni entender como le sucedia pues en su memoria no había registro de cosa semejante. Según el sueño, el infierno consistía en una culpa que se le clavaba como una aguja en el alma. En una envidia que ardia y que le hacia despedazar sus emociones en venenos más llagueantes que la lepra y que el ácido. Y si hubiese presenciado el peor de los ridículos imaginables, la verguenza hubiese sido como una chispita en comparación con el incendio de verguenza que lo consumia allí. También era el pozo de humillación más oscuro, una humillación interminablemente más profunda que los hirsutos altibajos con que la vida terrenal, de vez en cuando, acaso, se atreve a lastimar una dignidad. Entonces, entre culpa , verguenza, envidia, humillación, todos esos sentimientos le enseñaban lo que, según el sueño, era el Infierno. Quería salir. Quería escapar. Se le presentó Luzbel. -Bienvenido. Te estábamos esperando. Toda la eternidad estarás con nosotros. Entonces, como un hada madrina, llegó a su ánimo la certeza de que se trataba de un sueño. Intentó darle un golpe de timón a las imagenes oniricas para soñar algo distinto, muy distinto a eso. A él le habian explicado que los sueños se pueden controlar. Tenia miedo. Intentó con perseverancia de hierro. No solo no pudo sino que comprobó la risa del Diablo que parecía darse cuenta de su empeño. -Ya te dije que te vas a quedar para siempre acá. -Es un sueño. Una pesadila. El reloj despertador me sacará de aquí. -Te vas a quedar para siempre con nosotros. -Es un sueño A la mañana siguiente lo encontraron muerto. Aparentemente había soñado algo muy angustiante y un paro cardíaco le había producido la muerte. Hongo